Conocí a Martín hace un año mientras hacíamos un reportaje en el corazón de Villahermosa. Desayunaba con sus hermanitos en una de las taquerías del centro, no tenía mas de seis años, lo recuerdo.
Recuerdo que les tomé muchas fotografías, ellos me sonreían y me transmitían una magia impresionante, todos jugaban y me rodeaban, pedían que les fotografiara más, todos, a excepción de uno, Martín; quien observaba de lejos retraído por algún recuerdo o pensamiento. Lo llamé, le invité a posar y a jugar como los demás y lo hizo, aunque un poco tímido.
Al fin posó junto con los demás, cada uno tenía características muy particulares, para ser sincera sólo aprendí el nombre de Martín, por que se lo pregunté para integrarlo al grupo.
Tomé una fotografía y supe que en la vida de Martín han sucedido cosas que lo hacen permanecer serio, triste, no ríe como los demás, mira hacia abajo y evade con su mirada mi lente. Al final no se separaba de mi, recuerdo que lo abrace y se quedó sentado a mi lado mientras fotografiaba a los demás y les enseñaba sus fotos.
Al final me llevaron con su familia, todos trabajaban en el centro y hablaban un dialecto que desconozco pero me presenté y me sonrieron, y como también hablan español muy bien platicamos un poco de lo que hacíamos de nuestras vidas, después tuve que irme pero me quedé con la esperanza de saber de ellos, en especial de Martín.
Hoy vi sus fotos y me llenaron de nostalgia.
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