Esta vez necesito mucho del cobijo de la sombra del árbol, y heme aqui.
Inimaginable el hecho de perder a la persona que amas, creo que es una prueba a la que aún no me gustaría enfrentarme y que este fin de semana la vi cerca.
Nos fuimos a Mérida y a Cancún, y todo marchaba de maravilla, disfrutabamos del Sol arena y mucho mar... si, del mar azul intenso de Cancún. No parecía que fuera un mal dia, habíamos planeado con mucha anticipación como sería y al menos yo lo idealicé de una manera muy distinta.
Al llegar lo descubrimos, era el mar más azul que todos los presentes habíamos visto, una agradable clase de degradado del color azul que nos daba Dios, en medio del blanco lienzo que por arena tienen esas hermosas playas, y aunque ya había estado un par de veces ahí, efectivamente era totalmente nuevo, no podíamos resistir jugar como niños en esa alberca de colores gigante.
-PAUSA. En esta vida hay señales, de todo tipo, si, pero hay unas señales que nunca debemos dejar pasar por alto, hay que escuchar bien a nuestra primera voz, dijera un conocido "sensei" por ahi... y esas señales son las que ando siguiendo toda mi vida... y si... cuando una no las escucha... pasa...-
Siguiendo con este relato poco poético, meramente emocional, pues nos tomábamos muchisimas fotos, entre ellas una donde le dije a mi novio "Mira y en esta sale la bandera roja" (namas me falto decir "que indica que no nos podemos meter al mar...") y nos la volvimos a tomar ahora sin bandera.
entonces me preguntó el (así o mas directa la cosa...) "Y que significa la bandera roja" y yo respondi "que esta picado el mar" (inconscientemente omití la parte de "y no podemos meternos al mar...") y así varias cosas.
Al llegar a la orilla de la playa la arena no era lisa, era más bien inconsistente (palabras dichas por mi novio, quien omitió en su pensar "por lo tanto no podemos meternos al mar") y cada que llegaba una ola literalmente desaparecia la arena, al yo sentir que me podía quedar sin piso pues decidi no entrar y se lo dije, "no voy a entrar esta feo el mar" (se me olvidó hacer énfasis en la parte de "y no te metas tu tampoco") por lo que me quede en la orilla viéndolo disfrutar.
Me gusta verle feliz, es el síntoma número uno del enamorado con locura, no importa nada, solo verlo feliz, ver como lo bañaban las olas y el disfrutándolo bajo la luz del sol reflejada en un flare en cada punta de cada pequeña ola que rompía en la orilla (de una manera brutal y con una fuerza que también pasamos por alto)
Me sentí con la obligación de no pederle de vista un segundo, y como ya lo he mencionado en mas de tres ocasiones en el post "no pensé" que fuera a pasar algo, no a nosotros, no a él. Lo ví, se dejaba revolcar por el mar, jugaba, al siguiente instante lo perdí de vista, mi corazón como en las peliculas literamente dió un vuelco, no lo sabía pero esta frase ahora se que es literal, el mío quería salir de mi pecho cuando lo vi salir lejos, con la mano pidiendo ayuda, gritando que el mar se lo llevaba.
Desesperada corrí, intenté entrar pero sabía que de hacerlo no serviría de nada, pensaba en Dios y le pedí con el vuelco de mi corazón volverle a ver, que no me lo arrebatara aún, pensé en su madre, en ese ser puro que me quería por hacer feliz a su hijo y pensé en el peor escenario, en mi enfrentándome a sus padres para darles la noticia terrible y que me carcomería por dentro de ser cierta. Le grité, solo el viento me escuchó, por un cercano me entere que ya asistían a rescatarlo, todo estaba en slow motion, sentí que detuve el tiempo, quería pensar en que daba pausa al oleaje y el quedaba fuera y podía respirar, ya el estaba muy lejos de la playa, al menos yo lo veía a cientos de metros (no creo que hayan sido muchos) pero la fuerza del mar en la orilla era fuerte lo que me hizo pensar que tan fuerte era hasta esa distancia, oré en silencio aunque desesperada para que él tuviera la calma necesaria para reaccionar correctamente, le llamaba con mi mente, mi corazón y mi voz, el muy probablemente no me escuchó, muy probablemente ni siquiera pensaba en mi, pero yo sí, yo estaba concentrada en verle salir, imaginando lo peor para estar preparada, sentí la muerte, es raro, normalmente cuando uno esta en peligro le pasa su vida por la mente, y en segundos, ahora me paso nuestra historia, vi todo, nuestro beso, el dia que se declaro, su sonrisa encantadora, su cabello, sus manos, sus ojos, y momentos que escribir sobran por que son míos. Pensé en una persona mas, en Miguel y en Eli, más en Miguel, ahora entiendo un poquito su sentir, afortunadamente mi historia cambió, Dios me escuchó, lo vi venir de ese mar azul que ahora era negro ante mis ojos, como si nos hubira hecho pasar una mala jugada y se burlara a carcajadas, pero afortunadamente estaba bien, no me importo nada más que verle caminando, lo cual era mucho más de lo que imaginé, inmediatamente di gracias a Dios y le di las gracias a la persona que lo ayudó.
No imagino la vida sin él, y no me refiero a estar pegada literalmente con él, me refiero a que no soportaría aun su pérdida, no soy buena para las despedidas ni los cambios arrebatados de la vida.
Ya después en mi soledad pensé en algo más, en todos los pleitos, en la intolerancia de ambos, en nuestros defectos que aunque dice él que no le molestan y que aguantará por que me ama se que no es cierto y que la relación se puede romper, en las veces que por tontos nos hemos hecho sentir mal el uno al otro y me di cuenta que no vale la pena, entendí lo del espacio, comprendi que no puedo ser egoísta y que el mundo no gira al rededor de mi, y claro, tampoco de él, ahora que planea irse (al menos adelantarse... ya tiene cimientos ese castillo del post pasado) no pasará nada, sé que lo amo con todas mis fuerzas, y que debo dejar de autosobreportegerme (si... eso mero) No es posible que tenga que escribirlo para poderle expresar, pero siempre encuentro en este medio un canal correcto, pleno y ordenado de comunicación conectado a lo más profundo de mi espíritu, por eso el nombre de mi blog. Es lo que siento, pienso... es mi escencia.
Ahora comprendo que es un error pensar que tenemos la vida comprada, no somos tan intocables, y me parece que esta es una lección de Dios para no andar por la vida papaloteando y confiados, riendonos del peligro, esa es la virtud de la prudencia.
Por cierto por si lees esto Te amo Corres, más de lo que puedas imaginar y le doy gracias a Dios por dejarme sentir, por mi vida, por la tuya y por las circunstancias que me hacen sentir que estoy en ellas.
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