Llego al fin a casa y logro recordar que hoy fue un día bueno.
Cuando corro, en carreras, siempre hay personas que te apoyan, el novio o la mamá y el papá, pero además están esas personas que solo por el mero gusto de levantarse temprano van y te echan porra, ya en medios maratones y maratones hay quienes te llevan un dulce o fruta o agua y eso no se agradece con nada, la fuerza que te inyectan, la energía es indescriptible.
Siempre me pregunté qué se sentiría dar, y hoy tuve esa oportunidad.
Aquí en mi país celebramos a la Virgen de Guadalupe, es un tremendo fieston realmente, peregrinos vienen caminando de todas partes de la República para celebrar a la Virgen María, haciendo tráfico en la cuidad y arriesgando sus vidas, pero con muchísima fe llegan a la misa a ver a su morenita.
Me pidió Ale que lo acompañara a entregar pan al hospital, yo no sabía que la gente hacía eso pero lo hace, y fue grandioso, es indescriptible esa sensación de dar a quien lo necesita, primero fuimos al hospital pero no había muchas personas ahí, entregamos lo que pudimos, como nos había sobrado mucho pan y café recordamos a esos peregrinos que nos taparon el paso en el camino, si, recordamos esos mares de gente que no nos dejaban pasar pero nos detuvimos y comenzamos a repartir pan y café.
Muchos te agradecen, otros tantos te reciben, otros no toman porque ya es mucha la prisa de llegar a la Basílica, pero eso sí, todos te miran con agradecimiento, y es la misma mirada que lanzamos los corredores a quienes desinteresadamente nos ofrecen algo para no caer en la carrera, la diferencia es que esos peregrinos llevan días caminando, durmiendo donde pueden, y comiendo lo poco que traen .
Hay un momento en donde miras a tantos que quisieras tener para todos y es una decepción cuando tú caja está vacía y tu jarra de café también. Pero el saber que alentaste a alguien o saciaste su hambre, frío o sed es mil veces mejor que recibir cualquier premio en el mundo.
Sin duda alguna esto fue una grata experiencia que merecía contarse.
Comentarios