Despúes de una Pepsi como de un litro en el cine era inevitable repetir el efecto de la cafeína hace ya unos buenos años en mi cuerpo, hablo aquel día en que me tomé cerca de 6 tazas de americano sin descafeinar en Vips, terminé alucinando que era el último día de mi vida y que debía repartir mis bienes a mis seres queridos, así que hice mi respectiva carta testamento con agradecimientos y toda la cosa, créanme que de verdad la sentí cerca, y no saben cuánto disfruté despertar a la mañana siguiente, fue la más hermosa de mi vida. Una noche antes, pensando que había la posibilidad de despertar dejé entreabiertas mis persianas así que los rayos sutiles del Sol a las 7 de la mañana me despertaron, en medio del verde paisaje que tenía fuera de mi ventana.
Algo similar siento ahora, no ha sido mi mejor semana, después de pasar por varios sustos físicos como emocionales he quedado un poco averiada sobretodo de mis emociones, siento desgastado un poco mis amortiguadores motivacionales, y me he dejado llevar por la vida tal cual, han habido cosas buenas como ver dos películas que me hicieron reflexionar hasta el cansancio acerca de mi vida, y pues cuando éstas se acompañan del exceso de azúcar de Pepsi, nachos y palomitas causa una severa crisis sobretodo de caracter existencial.
¿Qué pasaría si hoy fuera mi último día? Quizá me arrepentiría de algunas cosas, como enojarme de repente; o estresarme en vez de divertirme; quizá hubiera querido estar más tiempo con mi familia, aceptarlos como ellos me aceptan a mí, amarlos tanto como ellos a mí (siempre andan cuidando de mi bienestar), reir más, llorar menos.
Me pregunto si alguien me extrañaría... finalmente todo pasa, uno se acostumbra a las pérdidas, de hecho hasta dicen que es sano dejar ir a la persona, por lo que quizá estaría destinada a ser parte de los recuerdos de alguien y al pasar los años solo sería la foto que cada 1 de noviembre se pone en los altares, o ni eso después de un tiempo.
Qué pasaría con mis cosas... mis totems, aquellos objetos que me recuerdan ahora quien soy cuando ando perdida en el limbo de la cotidianidad inesperada y que a nadie le sirven de nada.
Quizá tendría muchos amigos en el instante de mi funeral, todos llorarían y se jactarían de haberme conocido, pero solamente unos cuantos, aquellos que se quedaran callados sabrían que mi vida era de ellos.
Quizá se mencionaría mi entereza, que esta semana se ha escondido y he buscado hasta debajo de mi cama, mi pasión por el trabajo que desempeñé, y nadie sabría que en el interior de la gran profesionista estaba una gran mujer, la que soñaba, la que jugaba a leer al revés cuando se aburre en los trayectos, aquella que trataba de encontrar la estrella más brillante en una noche iluminada (y que por cierto no la encuentro aún, siempre sale otra.. y otra.. y otra...) la incansable magdalena que lloraba hasta de emoción, la que jugaba a tocar el viento, quien sabría eso más que yo.
Si hubiera que elegir de repente un camino hoy no sería el correcto. Tendría muchos pormenores, poca entereza y desolación en el alma, ya que pienso que la soledad es hermosamente reflexiva, pero la desolación... mi desolación es diferente, no es bonita, es cuando al parecer tienes todo y te sigues sintiendo sola, solita. Y muchos no la entienden, me ahogo en vasos de agua.
Espero amanecer con un abrazo de aquel que abraza con el Sol, del que canta por las mañanas y pinta la vida de color.
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