Ese segundo día pasamos por una construcción antigua hermosa, tanto que sin pensarlo jalé literalmente a mi flaco hacia adentro, sin saberlo había entrado a la Casa de la Cultura, donde los artesanos no solamente de Puebla si no de los municipios aledaños muestran y comercializan su obra, había artistas de todo tipo desde los que trabajaban alebrijes con papel maché hasta los que pintaban Talavera.
Decidimos recorrer este pasillo, era mas bien angosto en medio de arcos muy altos, nos detuvo primero una señora que trae café de Cuetzálan, era realmente delicioso nos dio a probar una crema de café deliciosa y aunque prometimos regresar por cuestiones de tiempo no pudimos hacerlo.
Seguimos caminando y conocimos a Doña Pili, quien trabaja la Talavera, nos mostró de donde viene, como se hace, como se pinta y
con qué. En esta fotografía la talavera como diamante en bruto, se saca de una piedra como esta, de la cual se saca la arenilla que dará finalmente el barro. Después de pasar por varios procesos se hornea hasta quedar con la forma que se moldeó, y se pinta absolutamente a mano con pinceles con pelo de burro o de humano, que según nos dijo son los que mejor definen las figuras
que se hacen.
Estos a la izquierda son los pinceles de doña Pili hechos de pelo de burro.
¿Cada cosa que aprende uno verdad? Ahora cada que veo algo de Talavera lo aprecio más por que el trabajo es hecho a mano y para sacar una pieza tarda meses si es que sobrevive en el transcurso del proceso.
¡Ese es mi México, llenísimo de color!
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